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El comentario de Yann Chateau, Director de Carrera de la Solitaire sobre la salida de Vigo y las millas por el mar exterior de Rías Baixas

El comentario de Yann Chateau, Director de Carrera de la Solitaire sobre la salida de Vigo y las millas por el mar exterior de Rías Baixas

Hay salidas que no se olvidan. Vigo será una de ellas, no sólo por su magnífico recorrido costero, que debió hacer las delicias de los espectadores españoles y aficionados a las redes y la cartografía, sino también por esa primera noche de combate encarnizado. La salida puede alargarse en el tiempo, para establecer una jerarquía más duradera. Esta salida en Vigo fue una de esas que duró mucho más allá del anochecer...

El inicio del resto de la regata comenzó tras pasar la boya Paprec, que marcaba el final del recorrido costero. Faltaban poco más de 3 millas náuticas para salir de la Ría. Tres millas en línea recta, o casi, pero el juego ya había comenzado. Cada trayectoria era ajustada, a veces desviada por una racha de viento ligeramente más fuerte que bajaba a ambos lados de los montes a ambos lados de las riberas. Al llegar al Cabo Home, a la salida de la Ría, el viento se reforzó, canalizado entre las montañas y el imponente relieve de la Isla Cías del Norte. Los navegantes del Figaro cambiaron sus reglajes, readaptaron su conducción, mientras seguían o adaptaban su plan de navegación. Se inició la primera virada, seguida rápidamente por los otros Figaro. Pronto toda la flota estaba amurada a babor, hundiéndose más o menos en el "refus", una rotación del viento que a menudo merece la pena aprovechar. Los primeros en virar para alcanzar mar abierto apostaban por más viento, mientras que los que apuraban al máximo la opción pensaban que aprovechar el efecto de sitio seguía siendo la prioridad. Estas convicciones perdurarían al paso de la siguiente Ría, donde la localidad de Sanxenxo se iluminó con una luz que afeaba el horizonte. La "Isla de Onza" y la "Isla Ons", dos obstáculos naturales, dividirían a la flota. La carretera de alta mar se abría al océano, mientras que la ruta interior protegía de las olas, pero también frenaba el viento. Peor aún, la ruta de escape de este camino era una carretera larga y complicada en la que había que "jugar" en las rocas, a través de numerosas pequeñas islas.

A menudo sonaba el VHF. Un competidor preguntaba a su adversario directo si le había visto correctamente, afirmando así su prioridad y su ventaja. Otro gritaba "está pasando", con la esperanza de no tener que cambiar de amura. Estaba claro que aún había que codearse un poco antes de establecer esta primera jerarquía. Todos estaban ahora amurados a estribor, que era la única forma en que podían pasar el Cabo Corrubedo. Había caído la noche y las luces de navegación estaban encendidas en lo alto de los mástiles, mezclándose con las estrellas en un cielo libre de contaminación lumínica. Los VHF seguían sonando: un recordatorio para los que habían tardado en encenderlos. La flota se vigilaba mutuamente, y todos debían ser claramente visibles, de lo contrario el juego no sería tan divertido.

Los competidores de la "ruta interior" pasaban ahora al norte de la "Isla Salvora". El campo de juego se estrechaba. Tenían que navegar en una franja de 140 metros de ancho para poder mantenerse en profundidades de más de 5 metros. Cada vez eran más los que se alineaban a favor de esta opción, y las rutas convergían porque el siguiente paso era aún más estrecho, y en el mapa se veían varias cabezas de roca. El primer competidor se puso en marcha, pasando entre dos rocas, aprovechando así la ruta más corta. El VHF volvió a sonar. Al instante, la competición dio paso a la benevolencia: "A todos los Figaros, tened cuidado, está rompiendo por donde yo he pasado y está muy mal cartografiado". El canal de la carrera enmudeció. No era cuestión de coger ancho de banda mientras los patrones seguían abriéndose paso por este estrecho camino. Y entonces se rompió el silencio: "A todos los barcos Figaro que vienen detrás, acabo de alcanzar la velocidad, no sigáis mis pasos". La voz era tranquila y serena. La entonación bastaba para saber que el patrón en cuestión no corría peligro. Apenas pasó un minuto antes de que escucháramos un mensaje similar de otro competidor. La tensión era palpable. Se ajustaron las trayectorias para pasar por lo que se estaba convirtiendo en una ratonera. No todas las cabezas de las rocas estaban marcadas, y ahora era una línea perfecta de Figaros moviéndose tras los pasos de los que habían pasado.

El VHF permaneció en silencio durante cuatro minutos, hasta que sonó un nuevo mensaje, más emotivo: "He chocado contra una gran roca, tened cuidado". Todos los ojos se clavaron en el track del AIS y el barco se puso de nuevo en marcha, pero la flota aún no estaba fuera de peligro, ya que alrededor de diez barcos todavía tenían que ingeniárselas para salir de la trampa. "Cuidado chicos, está rompiendo fuerte a mi derecha". Las trayectorias se ajustaron de nuevo, la puerta de salida parecía haber sido encontrada y la procesión de Figaros la tomó sin más incidentes.

El VHF vuelve a estar en el aire, primero desde la Dirección de Regata a los barcos que han entrado para comprobar el estado de los barcos y de los hombres. No hay problemas estructurales ni heridos. Afortunadamente, los barcos del Figaro navegaban a menos de 5 nudos en este terrible pasaje. Luego les tocó a los patrones llamarse unos a otros, abriendo otro canal para charlar, tranquilizarse o expresar un poco más el miedo que sentían, a veces sin filtro. La emoción era palpable, y algunas voces aún temblaban. Tras estas palabras conmovedoras y amables, volvió el silencio, pero sólo durante unos instantes: "Me habéis visto, tengo prioridad". Los regatistas volvieron a ser competidores, la regata continuó y la jerarquía no parecía haberse establecido todavía. Era la una de la madrugada. ¿Cuándo terminaría la salida?