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La Oficina de Turismo de Getxo incluye en su oferta de actividades deportivas la captura de bonitos desde un velero.

La cita es a las 4.30 de la madrugada, en un velero de 12 metros que está amarrado en el puerto deportivo de Getxo. El objetivo, la pesca de bonitos en caladeros que se encuentran a unas 30 millas de este punto, es decir, a unas cuatro horas de navegación. Cualquiera puede embarcarse en esta aventura, nueva en la oferta deportiva que promociona la Oficina de Turismo de Getxo a partir de este verano.

Las personas atraídas por la pesca en estas condiciones pueden contratar un viaje en la Oficina de Turismo, situada en el edificio Azul Marino de la playa de Ereaga (teléfono: 94 491 08 00). También puede hacerlo poniéndose en contacto directamente con el promotor de esta aventura, Nacho Campillo, en el teléfono 609 98 59 77. Los viajes se llevarán a cabo durante los fines de semana del verano. La salida, desde el puerto deportivo de Getxo, está fijada a las 4.30 horas y el regreso se calcula para las 20.00 horas. El precio de esta actividad asciende a 80 euros por persona. La Oficina de Turismo ha añadido otra actividad más a las ya habituales de aire libre, como el descenso de cañones, el puenting, la hípica o la pesca. Se trata de vuelos en parapente, de 10 y 20 minutos. Estarán guiados por un instructor y tendrán lugar en Sopelana.

Nacho Campollo es el responsable de esta actividad, que habitualmente se lleva a cabo en barcos de motor, entre otras cosas porque están dotados con sonda para detectar la pesca. Pero el velero ofrece la ventaja del silencio y el atractivo de la navegación. Según este patrón los resultados son buenos, porque «nunca hemos venido sin capturas, y hemos cogido algún bonito de unos 20 kilos». Si el viento es bueno la navegación también lo es, y el viaje se convierte en una auténtica clase práctica, en la que palabras como 'genova' y 'botavara' se incorporan al vocabulario de los improvisados marinos.

La lucha y el rito

Finalmente se alcanzará el lugar previsto, el caladero donde se espera encontrar un banco de bonitos. Ahí dará comienzo el rito de la pesca. El barco está equipado con tres cañas -una en popa, otra a babor y otra a estribor- y en cada una de ellas se coloca un señuelo, con dos anzuelos camuflados. También están dotadas de carretes que regulan la suelta de hilo, para lo que disponen de un freno. Con este equipamiento los tripulantes lucharán con el pez, en una pelea donde la inteligencia y la pericia juegan un importante papel.

Campollo indica cómo se debe soltar la pita, una vez que el bonito ha picado. Se trata de cansar al pez y para ello «hay que mantener un equilibrio entre lo que él tira y lo que frena el carrete, para que la línea no se rompa». En esta fase se llega a soltar hasta 400 metros de sedal, y la tarea puede llevar una hora de tiempo. A la vez el patrón deberá maniobrar oportunamente para evitar que la captura se deslice bajo el barco y corte la línea que le impide escaparse.

Después de ese pulso hay que realizar una labor de auténtica responsabilidad: enganchar la pieza con un gancho y subirla a bordo. Si se supera con éxito la recompensa está ahí y permitirá a los pescadores presumir de sus habilidades.