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Los robots superan el desafío de la profundidad

Los dos prototipos submarinos que participarán en la solución final a los pecios del Prestige ya han superado el principal desafío: la profundidad. Tanto el Innovator de la firma Sonsub-Saipem, como el G-4 de Thales batieron el récord de descenso al alcanzar la proa del petrolero, situada a 3.830 metros, unos trescientos más que la popa. Los ensayos de descenso han dado resultados óptimos y, sobre todo, ha sido despejado el principal temor de los técnicos del consorcio de empresas que participan en el proyecto: la resistencia a la alta presión de los dos cordones umbilicales que unen los robots con la plataforma Polar Prince.

En realidad, lo que se ha probado son dos parejas de cada modelo, con diferentes características técnicas, para cotejar cuáles son las más apropiadas para los trabajos que se realizarán estos días y para la posterior extracción del fuel por gravedad, prevista para la próxima primavera.

Logro

El desafío para la ingeniería subacuática es total. El Nautile , a pesar de ser tripulado, puede manejarse desde su propia cabina a profundidades cercanas a los 4.000 metros. El problema que surge con los robots es comprobar si pueden ser controlados en operaciones complejas desde la superficie, a una gran profundidad y con cordones umbilicales que deben soportar presiones de hasta 390 atmósferas.

En cualquier caso, fuentes relacionadas con el proyecto destacaron que los robots ya han comenzado los trabajos iniciales posteriores a las pruebas de profundidad, principalmente el estudio geotécnico, consistente en la toma de muestras del entorno de los pecios.

También ha empezado la inspección del buque de cara al plano detallado que debe elaborarse para la solución definitiva. Las mismas fuentes, sin embargo, no ocultaron que se toparon con algunas dificultades técnicas tras vencer el reto del descenso, cuestiones que tratarán de solucionar en los próximos días y que son «propias de una operación pionera».

Una vez superadas las dificultades, los robots deberán enfrentarse a sus dos principales cometidos en la zona del hundimiento: realizar una batimetría de los tanques para comprobar con escaso margen de error el fuel que resta en el Prestige y sellar las fugas por las que aún salen 700 kilos diarios de hidrocarburo.

El «Innovator» fue utilizado en el gasoducto más profundo

El robot Innovator , de la empresa de ingeniería subacuática italiana Sonsub-Saipem, fue clave en la construcción del gasoducto más profundo del mundo, el que discurre entre Turquía y Rusia por el fondo del Mar Negro. Se trata de un circuito de doble tubería de 773 kilómetros de longitud que fue finalizado a finales del año pasado. En su zona más profunda alcanza los 2.150 metros.

Ésta fue la profundidad récord a la que fue probado el Innovator , que tuvo que sufrir algunos retoques técnicos para poder alcanzar los 4.000 metros con garantías operativas. En el caso del gasoducto ruso, los robots de Saipem fueron esenciales para las prospecciones geotécnicas, la construcción del conducto submarino, y también están siendo cruciales para los trabajos de mantenimiento.

Plataforma

La plataforma de posicionamiento dinámico Polar Prince también participó en este desafío de la ingeniería submarina, que se finalizó bastante antes de lo previsto. Su construcción apenas duró seis años, a pesar de que había previsiones muy pesimistas que lo retrasaban nada menos que al 2015.