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El campanu de 2019 salió en el pozo la Pría del coto El Tilo del río Cares

El campanu de 2019 salió en el pozo la Pría del coto El Tilo del río Cares

El afortunado pescador que lo echó a tierra, a cebo natural, fue el ovetense Fernando López Castro | El restaurante ovetense El Bosque lo ha comprado | El primer salmón del Narcea se ha vendido por 4.800 euros

El campanu de 2019 salió en el pozo la Pría del coto El Tilo del río Cares a los pocos minutos de abrirse la temporada y se ha subastado por 10.000 euros en Cornellana. El comprador ha sido el restaurante El Bosque de Oviedo.

El afortunado pescador que lo echó a tierra, a cebo natural, fue el ovetense Fernando López Castro, expresidente de la Asociación de Pescadores El Esmerillón del Sella. Dio cinco kilos en la báscula del precinto de Panes.

Fernando López Castro, de 54 años, que posó con el ejemplar a la puerta del precinto de Panes con su compañero Laureano Toraño, comentó a EL COMERCIO que «eché el salmón a tierra a la segunda varada» y en relación con su venta afirmó que «aún no sabemos que vamos hacer». El pescador ovetense tiene en su trayectoria otro campanu, «el que conseguí también en el Cares en 2001, aunque también intervine en el de 2003 que logré con mi cuadrilla en el Narcea».

Los ríos han seguido dando salmones. Antes de las nueve de la mañana ya había salido el segundo del Cares, en concreto, en el coto Niserias.

Campanu Narcea

En el río Narcea el primer campanu salió en el Coto La Bouza y el pescador que lo echó a tierra es Manuel Fernández, con un peso 4.325 y unas medidas de 7.3. Este salmón ha sido vendido por 4.800 euros al restaurante 'Casa Ramón' (Oviedo).

El segundo salmón del río Narcea salía en Quinzanas. Fue el pescador coruñés Gonzalo Rodríguez quien, por apenas unos minutos, no se hizo con el primer ejemplar. «Nunca había pescado aquí. Es divertido y emocionante», afirmaba con el ejemplar en la cesta. Pesó 4,600 kilos y lo sacó a quisquilla y meruco. «Ya había sacado el canpanu en Cantabria en 2016», confesó.

Pescador apasionado, disfruta de su afición con su hija Alba Rodríguez, que afirma que el madrugón compensa. «Lo acompaño siempre que tengo ocasión. Pensaba que habíamos sido los primeros, pero al llegar aquí... Es una sensación bonita», afirmó la joven. Pescan en «equipo», contó Antonio Garrido, que acude con ellos al río. «Funcionamos bien».

Gonzalo, entre risas, aseguró que si hubiese sacado el campanu, «me compraría un Jeep».